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Su
niñez y adolescencia transcurrieron en la familia, en donde recibió
el amor y la educación de sus padres. No hay noticia de que hubiera
ido a la escuela y, sin embargo, en lo que más adelante realiza
y escribe, se intuyen el juicio recto, la sensatez de las ideas y una
cultura muy arraigada.
Su
primera biógrafa dice que en su hogar había un reglamento
que distribuía las horas del día entre la oración,
las labores domésticas, el estudio, la lectura, la enseñanza
de la doctrina cristiana a los sirvientes, y las honestas diversiones.
Tanto su hermana Mercedes, como Gabriela, permanecieron al lado de sus
padres, mientras sus hermanos se fueron alejando de casa por razones
de estudio, o porque eligieron el estado del matrimonio.
Gabriela
tenía 25 años cuando Don Gabriel Durán, quien siempre
apoyó incluso con sus bienes a la causa conservadora, se empobreció
y se vio precisado a irse con la familia, de Firavitoba para Villa de
Leiva, lugar que eligió motivado, tanto por la cercanía
y apoyo de sus hijos, como por la bondad del clima, favorable a doña
Jacinta, que en ese momento padecía serios quebrantos de salud.
Los recursos médicos de la época eran precarios, y con
frecuencia los profesionales de la salud recomendaban el cambio de clima
con la esperanza de un completo restablecimiento.
En
este caso las expectativas de la familia se truncaron pronto, pues a
la Villa llegaron en 1873, y en ese mismo año, el 9 de diciembre,
falleció doña Jacinta2. Don Gabriel murió seis
años después y fue sepultado en Leiva el 9 de junio de
1879, por el Padre Saturnino Gutiérrez, párroco de la
Villa.
La familia Durán Párraga y el Padre Gutiérrez se
ligaron en una amistad cálida, sincera, y perdurable. Gabriela,
quien poseía una formación espiritual bien cimentada y
mucha delicadeza de conciencia, encontró en el P. Gutiérrez
un experimentado director espiritual. Éste fue para ella un sorprendente
regalo de Dios, pues desde su infancia había adolecido de gran
dificultad para confesarse. Con la ayuda de él orientó
claramente su vida hacia la vocación religiosa, y fue aceptada
en el Carmelo, en donde recibió el hábito el 1º de
enero de 1877. Los cuatro meses y 23 días que permaneció
allí, de donde tuvo que retirarse por motivo de enfermedad3,
le fueron suficientes para valorar con hondura la espiritualidad carmelitana,
y para volver muchas veces con cariño a tomar ejemplo y consejo
de sus maestras en la contemplación.
En
los primeros días de julio de 1877 llegaron a la Villa de Leiva
las señoritas Rosa, Matilde y Virginia Umaña, quienes
venían de Bogotá con intención de tomar dos meses
de descanso, tiempo que fue suficiente para ser motivadas por el P.
Gutiérrez a fundar en Leiva un colegio y escuela para niñas
pobres. Se tomó en arriendo al Cabildo el Convento de San Agustín,
y se fundó el colegio, bajo el patrocinio de Ntra. Señora
de Lourdes. Sucesivamente se fueron uniendo a ellas —como profesoras—
Sara Rojas, Gabriela y Mercedes Durán e Isabel Briceño.
Su aspiración era, además, abrazar la vida religiosa en
comunidad. El P. Saturnino les aconsejó ir gradualmente, y les
propuso conocer el espíritu de la Tercera Orden Seglar Dominicana,
fundada por él en Leiva. Las inició en la oración
personal y comunitaria y les dio un reglamento para la vida en común.
Ya muy seguras de su decisión de optar por la vida religiosa
dominicana, contemplativa y apostólica, pronunciaron sus votos
el 18 de febrero de 1880, en presencia del P. Saturnino Gutiérrez,
Fundador.
La
Madre Gabriela gobernó la Congregación desde el 7 de marzo
de 1883 hasta 23 de octubre de 1904, fecha en que el Señor Arzobispo
de Bogotá9 le aceptó la renuncia de su cargo, por las
razones que ella le expuso, y que él encontró justas.
En el mismo comunicado la nombró Superiora interina o Vicaria
General, mientras disponía lo pertinente a la preparación
del Capítulo General que debía elegir a su sucesora. Este
Capítulo fue inaugurado el 10 de enero de 1905.
La M. Gabriela, cofundadora y Superiora General durante 22 años,
hizo entrega de su cargo a la edad de 57 años. El Capítulo
eligió a la M. Gabriela para el cargo de Vicaria General y Primera
Consejera por dos veces consecutivas, pero a partir de 1913 declinó
el ejercicio de ese cargo por su quebrantada salud. Su muerte acaeció
el 19 de julio de 1927.
La
Congregación quedó con 80 religiosas profesas, 9 novicias
y 7 postulantes, consolidada en nueve Casas.
La Congregación sintetizó su herencia espiritual en las
siguientes expresiones:
• Dimensión contemplativa.
• Actitud de humilde servicio al Evangelio.
• Predicación de la Verdad por el testimonio de la vida
y por la Palabra.
• Comunidad fraterna, como inspiradora del apostolado.
• Opción preferencial por los más empobrecidos y
necesitados, como respuesta a los signos de los tiempos.
• Amor y devoción a Nuestra Señora del Rosario. (Cfr. La Madre Gabriela
de San Martín, Fundadora. Lara, Sor Isabel María.). |